
“¿Que ha sucedido?… ¿a donde se ha ido todo?… ¿que es este aroma tan crudo y tan dañado?... ¿por qué tan solo veo el sol sobre mi? Duele… de una manera tan cruel que apenas puedo respirar”
-¡Se han abierto las puertas del teatro de la media luna!, ¡valla que se ha hecho todo un borlote por las calles de Overture! La gente va de aquí a allá observando con ojos curiosos el colosal edificio, tiene dos puertas enormes de madera de ébano que se abren al ritmo de una melodía que bien podría yo decir embriagante, ¡y por dentro! ¡Es todo un almacén de lujos! Con decoraciones que podrían parecer tan bellas como macabras, ¡pareciera que hacen de todo allí que asusta!-
Hacia ya unos pocos días que entre quisquillosos y soplones se corrió el rumor de que algo sorprendente acontecería en el pueblo de Overture, pero solo lograban ver una carpa monumental de tono carmesí con borlas negras estancando una gran parte de la zona comercial del pueblo, se escuchaba tanto estruendo debajo de ella que nadie decidía acercarse, mas sin embargo el fisgoneo de los pueblerinos podría haber enloquecido a cualquiera, pronto comenzaron a circular carteles que tan solo tenían escrito “Teatro de la media luna”, nunca supieron quien ni a que hora se pegaron por las paredes de los alrededores susodichos letreros, pero claro que todos allí deseaban saber de que se trataba.
Overture, un pueblo pequeño lleno de casitas hechas con bloques de concreto gastado y techos de paja poseía un compás monótono, las personas de allí danzaban con los mismos pasos sin asombro alguno, aún cuando lo rodearan extensas franjas de arboladas matizadas de hojas naranja y un sinfín de secretos era siempre la misma partitura. Pero el teatro de la media luna, era más que eso… tenía un propósito, y muchas historias por contar, estaba repleto de espacios que se dedicaban a diferentes actividades, desde una enorme biblioteca hasta un centro de costura.
-¡¿Que demonios es esto?! Hay que ver como se ponen todas esas criaturitas cuando algo nuevo les cae de pronto en la cabeza…-
Volker, aquel joven de apariencia lobuna, rojos cabellos, y vestimenta abrigadora se escondía tras su pequeño escritorio de recepcionista observando a las personas que con ansiedad corrían de un lado a otro con expresiones de admiración.
-Está bien ¿no es así?, es más de lo que pudiéramos haber esperado-
Prudence, la dama felina con facciones nobles y misteriosas trataba de dar indicaciones con una amplia sonrisa a los despistados pueblerinos.
-No esperaba algo de forma sincera, hacer esto es lo que nos gusta…tan solo me pregunto si nos quedaremos aquí de por vida, hemos estado moviéndonos constantemente y una razón nos trajo a todos aquí-
Una sonrisa nostálgica le invadió el rostro, casi de inmediato apareció cantando otro jovencito de cabello rubio y vestimenta azul acompañada de unos pantalones enormes y calcetas a rayas negras y blancas, su chaleco pequeño tenía plasmado en la espalda una media luna, sonreía con júbilo con los ojos celestes brillando de armonía confundidos por un par de lagrimas índigo maquilladas bajo sus orbes.
-¿No es esto maravilloso? ¡Miren todas estas personas! ¡Seguro que nunca antes habían visto función como tal! ¡Mira gorrión de zafiro!-
Con ambas manos levantó una jaula cuyo contenido era un ave muerta que había quedado petrificada sobre la barra de metal.
-¡esa ave está muerta no se que haces conservándola seguro está enmohecida por dentro!-
Reprendió Volker con el rostro retraído de asco.
-Gorrión de zafiro contiene mis esperanzas, es un ave eterna-
Respondió con una sonrisa amplia.
-Galenskap… por extraño que parezca, comienzas asustarme-
Comentó con ironía el joven lobo.
-Hay una historia que rodea este pueblo, una historia terriblemente hermosa-
Sus orbes celestes brillaron cual diamantes como sumidos en una visión profunda, sonrió para si, le dedicó una mirada metódica a Prudence y salió de esa sección del edificio guardando aquellas historias en su profundo y enigmático interior.
-¿Ha que ha venido esa mirada?-
Cuestionó la joven de orejas gatunas con un semblante confundido.
Volker se encogió de hombros y luego se dirigió a poner orden a los niños que tiraban los libros de los estantes, esa sección del lugar parecía una biblioteca gigante.
En otra parte del edificio, un joven de larga cabellera blanca, ojos de ámbar y vestimenta negra con tonos dorados leía un listado en una hoja al tiempo que caminaba distraído por el pasillo, releía las palabras con un semblante metódico dejando entrever un par de perlados colmillos.
-Lancelot-
Resonó una voz masculina en un tono imperante. El joven de cabellera blanca giró su rostro volviendo a la realidad para encontrarse con quien lo había llamado, otro joven de sombríos ojos violeta y cabello del mismo tono que vestía ropas victorianas.
-Brioghan, ¿Qué sucede?-
Lancelot metió en uno de sus bolsillos el papel que antes leía.
-Han venido un sinfín de habitantes, y me han comentado de las ruinas que hay en los alrededores del pueblo, hay unas en especial, de las cuales dicen no querer acercarse, al parecer allí se respira un aire muerto, me ha cautivado el comentario puede que hayan escritos en idioma celta para traducir y pensé que te interesaría venir para tu recolección de cosas viejas-
Finalizó el comentario con una sonrisa satírica.
-¿viejas? Son tan solo cosas que se han dejado olvidadas y que puedo reparar, disculpa si no soy un mago famoso y arrogante-
Devolvió Lancelot con sarcasmo, refiriéndose a Brioghan.
-¿Entonces vienes?-
Lancelot asintió con un ademan.
Se encaminaron hacia la sección de la biblioteca, que aún seguía llena de gente, encontrándose con Prudence, Volker y Galenskap.
-Galenskap, necesitamos que nos lleves hasta una de las ruinas de los alrededores, tengo por entendido que conoces bien el lugar-
Exclamó autoritario Brioghan.
-¡¡¡Claro que lo conozco!!! , ¿Serán acaso las ruinas de Adagio?-
Exclamó Galenskap dando un salto y con un brillo de entusiasmo en los ojos. Brioghan abrió un tanto sorprendido los ojos pero conservó su semblante inamovible.
-Acertaste, ahora, podrías conducir el carruaje hasta allá-
Brioghan se dio la vuelta casi obligando a Lancelot y a Galenskap a seguirlo.
Una vez en el carruaje partieron hacia el misterioso destino, iban dibujándose paisajes naranja en la ventana que mostraban una belleza como ninguna, Lancelot contemplaba admirado al tiempo que Brioghan a su costado leía un pequeño libro.
Sin embargo en el cruce que daba comienzo a la ciudad de Adagio, se detectó de forma súbita algo aterradoramente extraño, Brioghan cerró su libro y se giró para observar hacia la ventanilla con una expresión distinta en su rostro.
Toda la ciudad parecía haber sido consumida por el fuego y el aroma estaba podrido. Lancelot parecía preocupado y aterrado y Galenskap sobre el carruaje sonreía formando parte de una memoria.
El carruaje se condujo hasta las ruinas de lo que parecía haber sido una enorme mansión.
-Llegamos-
Dijo Galenskap con una expresión melancólica.
Brioghan y Lancelot descendieron del carruaje, sintiendo el aire pesado sobre sus cuerpos.
-Galenskap… ¿Qué sucedió aquí?...-
Cuestionó el joven de cabellera blanca aproximándose a Galenskap, quien parecía no querer descender del vehículo.
-muchas cosas sucedieron aquí, debo irme, regresaré por ustedes a la puesta del sol-
Sonrió y se giró veloz lejos del lugar.
-Ese pequeño sabe más de lo que debería-
Acertó el de cabellos violetas dejando atrás a Lancelot para entrar en la vieja mansión.
Dentro todo se veía olvidado y marchito, habían algunos muebles cimbrados sobre el suelo empolvado y ya crecían rosas negras entre las grietas del azulejo de mármol, los dos visitantes recorrieron despacio los rincones de la mansión sintiendo descargas de escalofríos sobre la piel mientras mas se adentraban en las habitaciones y pasillos.
-parece que no encontraré algo de mi interés, aunque me estoy cuestionando que debió pasar aquí, esto se ve igual a una horrible casa de muñecas-
Pronunció Brioghan tomando un pequeño gato blanco de peluche del suelo. –“Morgan”- esbozó tirando del listón que tenia el muñeco en el cuello.
-¿Morgan?-
Preguntó Lancelot con curiosidad mientras veía por los ventanales hacía el patio trasero de la mansión, en donde se avistaban una mesita blanca adornada de forma elegante con una sombrilla, aun se encontraba una taza sobre el regazo de la mesa como si alguien hubiese bebido el té hacia unos minutos.
-quizá una pequeña niña vivía aquí-
Dijo Brioghan tirando el peluche sobre el suelo.-te espero afuera, parece que aún tienes curiosidad por recorrer esto-
No dejó responder a Lancelot solo se volvió de regreso a la salida, pero estaba en lo cierto, Lancelot estaba fascinado pero al mismo tiempo sentía temor, ¿Cuál era la historia de ese lugar?, pensaba en preguntar a Galenskap cuando volviera.
Divisó entonces unas escaleras alfombradas sin pensarlo ascendió hasta los pisos superiores y algo entre todo llamó de manera particular su atención, una habitación que tenia grabado el nombre “Morgan” sobre la puerta.
Presionó el mango de la puerta y entró.
Se respiraba una esencia dulce y amarga en toda la recamara, todas las cosas estaban deterioradas, todas a excepción de una, estaba sentada sobre un taburete junto a la ventana, Lancelot retrocedió un poco pero luego se aproximó lentamente, se quitó los guantes negros y la palpó con sus dedos, contempló los detalles del vestido que tenía puesto y acarició su rostro con delicadeza, ¡estaba impecable!, una muñeca en perfectas condiciones, o eso pensó hasta notar el agujero que tenia en el pecho, algo le faltaba a esa muñeca.
-Te repararé-
Le dijo como si ella pudiese escucharlo, y la cargó hacia la salida.
Con entusiasmo corrió hasta Brioghan, quien abrió los ojos desconcertado.- ¡Brioghan! ¡Mira lo que he encontrado!-
-¿Qué demonios es eso?-
Exclamó reprendiéndolo.
-¿pues lo que vine a buscar no?-
Dijo el de ojos ámbar abrazando lo que llevaba en sus brazos.
-una muñeca, ¿de que te sirve eso?-
Le dedicó una mirada desaprobatoria y se alejaron de la mansión para esperar a Galenskap en la entrada de la ciudad.
Alguien mas se acercaba con paso elegante a la mansión, llevaba una sonrisa en su rostro de marfil y le brillaban los ojos de azabache, el cabello negro le caía en el rostro, las rosas parecían envolverse a el mientras caminaba dentro de aquel destruido lugar, llevaba en sus manos un vestido negro confeccionado a la perfección, entró a aquella habitación pero quien lo esperaba siempre ya no estaba, suspiró y sonrió.
-Me pregunto, que tanto me divertiré con esto-
Expresó con dulzura acariciando el vestido y luego se desvaneció entre las paredes.
A la puesta del sol se vislumbró el carruaje, pero aparte de Galenskap, Prudence y Volker iban dentro también, Brioghan los miró molesto y abrió azotando la puerta del carruaje
-Hey Briogh…-
Comenzó a decir Volker cuando este lo saco aventándolo fuera del carruaje.
-displicentes, ¿no se supone que tengan que estar trabajando?-
Prudence se encogió hasta un costado del carruaje mirando a Volker con culpa.
-¡Aún están los demás allí! No somos los únicos, la biblioteca está cerrada por hoy, hey este lugar huele extraño-
Expuso el lobo sacudiéndose la ropa y olfateando para luego girar su rostro sorprendido ante lo que Lancelot llevaba en los brazos cubierto con su capa - ¡oh! ¡¿Y eso?! ¿La vas a reparar?-
-claro que lo haré-
Respondió Lancelot sonriendo.
-Esta ciudad me parece conocida…-
Dijo Prudence observando detenidamente.
-¡Nos vamos ya!-
Irrumpió Galenskap,
Todos partieron de regreso en el carruaje, en el camino Prudence examinaba a la muñeca de Lancelot, frunciendo el seño como si tratara de recordar algo, desistió sonriendo y deseando suerte a Lancelot para repararla.