jueves, 25 de noviembre de 2010

Cuento Número Uno. “Baissez le rideau!, La farce est jouée!” (¡Bajad el telón!, ¡la farsa ha terminado!)

-¿La historia acerca de esa mansión? ¡Claro que la conozco! ¡He de contártela si eso deseas! Pero deberías saber que en ocasiones…lo mejor es no preguntar.-

¡Era aquella una enorme y hermosa mansión!, Cuya imagen esplendorosa embelesaba a quien por enfrente pasara, tenía paredes de mármol que parecían admirar al cielo, en sus costados, jardines soberbios con preciosas y arrogantes rosas negras, e invitando a perderte en su aristocracia se erguían dos colosales puertas de ébano refulgente.

El interior, diseñado de forma minuciosa y delicada escondía habitaciones pequeñas, una tras otra, con el suelo cubierto de alfombra y accesorios exquisitos tal cual una aterradora casa de muñecas. Y en aquel lugar tan imperante, una pequeña señorita vivía junto a su mayordomo fiel.

Ella, ingenua, noble y caprichosa, con ojos color maple y cabello como de negro anochecer, llevaba siempre ceñidos a su piel de canela los vestidos mas preciosos confeccionados jamás, por Leitmotiv, su mayordomo ferviente.

El, atento siempre y de facciones casi perfectas y atractivas, poseía en su rostro de diamante una sonrisa tan bella como falsa, y cuyo corazón petrificado rendía total devoción a Morgan, la pequeña dama.

No había día, en el que la mansión no fuese visitada por los curiosos, gozaban de admirar la divinidad de cada una de las habitaciones y por supuesto, de la compañía de la señorita Morgan, a quien entre murmullos llamaban, la muñeca de la mansión.

¡Pero Morgan tan ingenua y pura! Tan solo reía y se sonrojaba al escuchar, sin percatarse que tras ella, su mayordomo escondía la visión mas retorcida de su ser, ¿pero quien iba a saberlo? Todo era, una perfecta y horrorosa función, en la cual solo uno escribía el libreto.

¡Claro que hay alguien más en el inicio de esta historia! No devores las ansias que he de proseguir, Prudence fue su nombre, una doncella de aspecto serio pero de rostro tan dulce, Morgan depositaba en ella toda su confianza y cariño, tanto que “hermana” solía llamarle, la visitaba a diario en la mansión llevando consigo detalles que encantaban a la pequeña Morgan, pero esto… no hacia mas que generar odio ante los ojos celosos de Leitmotiv.

Tanta llegó a ser la demencia y la obsesión, que el mayordomo cerró las puertas de par en par.

“¡No habrán más ojos que puedan volver a ver a mi amada Morgan! ¡Oh nunca más!”

Y la mansión entonces, fue obstruida, por el egoísmo de aquel.

“¡¿pero que habrá sido?! ¿Será acaso una mentira?”

Decían con ansiedad y angustia los paseantes del lugar.

Y Leitmotiv con su agraciada sonrisa, respondía “Ha caído enferma, y delicado de tratar será” y tras de si las puertas volvía a cerrar.

Sin embargo, a Prudence tan incondicional, la entrada también se le había negado.

-“¡Algo escondido hay lo sé! ¡Y de descubrirlo habré!”- Exclamaba Prudence.

Leitmotiv desde los ventanales y tras las cortinas observaba, de forma fija y mordaz, mientras la pequeña Morgan ya hacia sobre la cama jugando con las borlas negras de sus sabanas blancas.

Día a día el frío en la mansión se propagaba, y aquel de la mascara sonreía con deleite para si, era justo lo que deseaba y lo había obtenido.

-“Ya no vienen a visitarme más, ¿que ha pasado? Se aburrieron quizá…ni Prudence ha acudido ya”-

Esbozaba Morgan con tristeza al tiempo que su mayordomo le cosía con finura y precisión listones al vestido que ella llevaba puesto.

-“Que ha de importar señorita, si se han aburrido o no, aquel que sea meritorio entonces sabrá observarla y la señorita Prudence quizá de viaje esté”-

Contestaba con una sonrisa sin dejar de mover los dedos para colocar de manera pulcra los listones negros sobre el impecable vestido blanco.

-“y aún así Leitmotiv, continuas vehemente confeccionando para mi estos delicados ropajes”- decía girándose para tomar entre sus manos los dedos del mayordomo –“Incluso te has lastimado cosiendo”-

Ella le dedicó una mirada tan efusiva abrazando las manos de aquel en su pecho, esa acción bastó para enloquecer al joven sirviente que con los ojos dilatados de deseo consumió a Morgan.

-“Morgan, mi bella muñeca de porcelana”-

Pronunció poniéndose de pie y sujetando a la doncella por los brazos, quien abrió los ojos pasmada.

-“¿mu…muñeca? Leitmotiv suéltame…”-

Pero el tan solo sonrió ampliamente, ella temblando aterrada logró soltarse en un intento vano por escapar pero sin esfuerzo fue contenida por los brazos de su fiel mayordomo.

Sintió su cuerpo ser amarrado dejándola por completo inmóvil, ¿Qué era aquello?, Leitmotiv se aproximó por la espalda de ella respirando su aroma silvestre y sujetándola con fuerza contra el, le recorrió de manera voraz la tela

del vestido apretando sus dedos de manera que Morgan podía percibirlo sobre la piel, el sirviente movió sus manos frente a los ojos pávidos de la pequeña haciéndola distinguir los hilos que la sostenían, eran tan delgados y límpidos como los de un marionetista, se había dejado caer el telón ante la primer función.

-“eres mía”-

Profirió con una sonrisa y besando el cabello de Morgan, de pronto… todo se volvió gélido.

en las afueras de la mansión, Prudence golpeteaba las enormes puertas de ébano para poder entrar. Gritaba por Morgan y comenzaba a sentir en su respiración el sahumerio muerto de las rosas, un instante de espesa amargura y entonces un grito desgarrado de dolor cortó los oídos de Prudence, consiguió apartar las puertas de par en par y sujetándose el vestido corrió escaleras arriba.

Un cuerpo tendido sobre la alfombra mojada ya de sangre tibia, un hermoso vestido blanco teñido de carmesí, un rostro inocente corrompido, y una sonrisa de placer y satisfacción junto a un par de manos que sujetaban un corazón profanado.

.”Bienvenida…Prudence”- dijo el con una expresión dulce –“que mal educada al no esperar ser recibida”-

La doncella que era ahora el público expectante de la función siguiente temblaba de cólera.

-“Leitmotiv…”-

Susurró entre dientes y empuñando las manos.

-“¿eh?, pero si tu también estas invitada, tu, primordialmente… repugnante ser sin importancia…”-

La observó de forma detenida con los orbes azabaches que no reflejaban más que vacio y odio.

-“¡Eres un desgraciado! ¡Como te atreviste maldito…!”-

-“cállate”-

Ni un segundo después de esas palabras la garganta de la joven se cerró, Leitmotiv sujetó con una de sus manos uno de los brazos de Morgan al tiempo que la otra sostenía el cálido corazón, arrastró el cuerpo de la pequeña hasta Prudence quien reñía por emitir palabra alguna.

-“el corazón de Morgan me pertenece, está en mi ahora, ella y yo somos uno solo”-

Expresó mostrando ante sus ojos el órgano vital, no dejó de sonreír en ningún instante -“y ahora, deberás agradecer que he sentido lastima por ti”-

Una risa sínica se escapó de sus labios, hizo el cuerpo de Prudence quebrarse por dentro y arder enseguida, todos sus recuerdos se hicieron ceniza obscura haciéndola llorar de dolor, Leitmotiv continuó riendo y arrastrando el cuerpo abatido de Morgan hasta la puerta de la habitación, se detuvo un segundo y giró ligeramente su rostro hacia la doncella sufriente. –“saldrás de esta mansión, caminarás hasta perder tus pasos y lo que eres ahora será asesinado por el fuego que está incinerándote dentro, luego de eso se que estarás agradecida”-

Prudence deseó moverse con la poca fuerza que quedaba en su cuerpo lacerado, podía avistar incluso como las lágrimas le quemaban el rostro y escuchar el sonido de la alfombra húmeda contra la piel de Morgan, pidió misericordia, pero no la había en ese momento, el personaje de la doncella Prudence había muerto en esa función.

Leitmotiv siguió sujetando el brazo de Morgan y arrastrando su cuerpo a través de uno de los pasillos de la mansión hasta la habitación más recóndita, ese cuarto que solo el conocía, dejó de sostenerla y susurró un par de palabras que luego dejaron escapar un grito violento de la garganta de Morgan.

-“levántate mi preciosa dama”-

Ella le obedeció contra su voluntad, su cuerpo tan solo se movía como una marioneta, sus ojos de maple se habían apagado y estaban inyectados de un líquido azabache.

Había dado comienzo la siguiente función.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Cuento Número 2. "Diez mil esqueletos en el aire"

Luego de aquello tu creías era una pesadilla…

Luego de observar tu cuerpo lleno de espasmos violentos…

Tus antes hermosas pupilas de maple se encontraban ahora rasgadas por el azabache de la soberbia y el pesar.

Como un fantoche de porcelana se irguió tu silueta doliente, tus pasos inseguros y temblorosos te guiaron a través de aquellos sombríos pasillos ante esa habitación que solo yo conocía.

Una dama de hierro cimbrada frente a tu rostro oxidado de odio y tantas herramientas de obsidiana cuyas historias no debías escuchar.

Oh pero sonreíste…

¡Sonreíste con sadismo y devoción!

Y aproximándote con ansiedad tomaste entre tus manos inocentes el arma repleta de púas expectantes que brillaban con el dejo de luz lastimera colada por un orificio en la pared de concreto. Demasiado pesada tal vez para la poca fuerza palpitante de tu ser, la llevaste arrastrando de vuelta, y como millones de agujas reventado el suelo, rechinaban las púas destrozando la alfombra victoriana.

Tu respiración desfalleciente, tus lágrimas intoxicando tus mejillas… y con terror un sonido gutural escapándose de tus labios de rubí.

Tu voluntad incluso era banal ante mi fuerza, te susurraba esa canción de cuna al tiempo que tus pasos se dirigían de forma muy lenta hacia la salida.

Lo que mejor expresado…

Seria el comienzo de todo…

-“de…deten…te…”-

Lograste emitir con un semblante de suplica, pero ambos sabemos mi muñeca, que no conozco la misericordia.

Me reí, y seguí cantando.

Te escuche llorar y lo disfrutaba, estabas bailando para mi, ¡solo para mi!

Y podía percibir, el aroma exquisito de tu sangre tibia escurriéndose de tu pecho agitado.

El dolor que te destrozaba cada articulación…

La obscuridad que hacia crujir tus ojos abiertos de par en par.

-Todo aquello que conociste fue una mentira, todos aquellos te mintieron, pero yo mi muñeca… solo yo soy real, escúchame y obedece con gratitud-

Y la orquesta concluyó a melodía con un grito despiadado escapándose de tu garganta.

Se apagó todo en ti, te consumí a mi antojo.

Todos, todos y cada uno de los ojos curiosos que te habían observado con obsesión pagarían por ello, todo aquel que se atrevió a tocarte, incluso a respirar en tu presencia.

-¡Baila mi muñeca al compas de la luna falsa! ¿Lo escuchas? Ese sonido desgarrador, esas voces que te piden piedad, arráncales las entrañas una por una…-

¡Que hermosa cumplía mis expectativas! Levantaba los brazos hacia el manto nocturno y con un movimiento rápido golpeaba los cuerpos contra las púas y el suelo, y podía escucharse el melodioso ritmo de la sangre chapoteando,

El crujir de los huesos que explotaban, los gritos…el dolor ¡Todo era un escenario perfecto!

Más sin embargo, llorabas… tus ojos negros de violencia desprendían lagrimas al ver como destrozabas los cráneos partiéndolos por la mitad, al ver las convulsiones despiadadas que venían después.

Pero no te detenías, era un cuerpo tras otro… esas púas ya llenas de sangre y carne fresca no se saciaban.

Esta era, mi presentación culminante.

Los testigos se encontraban ahora tendidos por toda la tierra ya húmeda de crueldad. Teniendo pesadillas sobre una laguna roja y adamantina bajo nuestros pies.

Si, yo aun podía escucharlos sollozando con piedad, y lo mejor de todo… el sabor de la especia del viento con olor a oxido de los inocentes que no valían siquiera una mirada de compasión.

Te abracé por la espalda.

-“despierta mi pequeña”-

Esboce a tu oído, y el hermoso color maple volvió súbito a tus orbes, y temblaste… -“ellos lo merecían”-

Te dije, y te ahogaste al percibir que de esa función bajo el telón de acero tu fuiste el exitoso personaje estelar.

Y yo, yo estaba a tu lado aplaudiéndote, aún cuando ya hacías muerta de dolor sobre la alfombra de sangre.

Luego del majestuoso espectáculo, te guié de regreso a la mansión, limpié la sangre que contaminaba tu ser y te dejé tendida sobre tu cama, esa famosa casa de muñecas, sabía que se deterioraría con el tiempo, oh pero tu no mi amor, tu permanecerías hermosa, sin vida, por qué eras un simple fantoche ahora, pero vendría a diario a verte… para cambiar tus vestidos.