miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cuento Número 3, "Next To Nothing"


“¿Que ha sucedido?… ¿a donde se ha ido todo?… ¿que es este aroma tan crudo y tan dañado?... ¿por qué tan solo veo el sol sobre mi? Duele… de una manera tan cruel que apenas puedo respirar”

-¡Se han abierto las puertas del teatro de la media luna!, ¡valla que se ha hecho todo un borlote por las calles de Overture! La gente va de aquí a allá observando con ojos curiosos el colosal edificio, tiene dos puertas enormes de madera de ébano que se abren al ritmo de una melodía que bien podría yo decir embriagante, ¡y por dentro! ¡Es todo un almacén de lujos! Con decoraciones que podrían parecer tan bellas como macabras, ¡pareciera que hacen de todo allí que asusta!-

Hacia ya unos pocos días que entre quisquillosos y soplones se corrió el rumor de que algo sorprendente acontecería en el pueblo de Overture, pero solo lograban ver una carpa monumental de tono carmesí con borlas negras estancando una gran parte de la zona comercial del pueblo, se escuchaba tanto estruendo debajo de ella que nadie decidía acercarse, mas sin embargo el fisgoneo de los pueblerinos podría haber enloquecido a cualquiera, pronto comenzaron a circular carteles que tan solo tenían escrito “Teatro de la media luna”, nunca supieron quien ni a que hora se pegaron por las paredes de los alrededores susodichos letreros, pero claro que todos allí deseaban saber de que se trataba.

Overture, un pueblo pequeño lleno de casitas hechas con bloques de concreto gastado y techos de paja poseía un compás monótono, las personas de allí danzaban con los mismos pasos sin asombro alguno, aún cuando lo rodearan extensas franjas de arboladas matizadas de hojas naranja y un sinfín de secretos era siempre la misma partitura. Pero el teatro de la media luna, era más que eso… tenía un propósito, y muchas historias por contar, estaba repleto de espacios que se dedicaban a diferentes actividades, desde una enorme biblioteca hasta un centro de costura.

-¡¿Que demonios es esto?! Hay que ver como se ponen todas esas criaturitas cuando algo nuevo les cae de pronto en la cabeza…-

Volker, aquel joven de apariencia lobuna, rojos cabellos, y vestimenta abrigadora se escondía tras su pequeño escritorio de recepcionista observando a las personas que con ansiedad corrían de un lado a otro con expresiones de admiración.

-Está bien ¿no es así?, es más de lo que pudiéramos haber esperado-

Prudence, la dama felina con facciones nobles y misteriosas trataba de dar indicaciones con una amplia sonrisa a los despistados pueblerinos.

-No esperaba algo de forma sincera, hacer esto es lo que nos gusta…tan solo me pregunto si nos quedaremos aquí de por vida, hemos estado moviéndonos constantemente y una razón nos trajo a todos aquí-

Una sonrisa nostálgica le invadió el rostro, casi de inmediato apareció cantando otro jovencito de cabello rubio y vestimenta azul acompañada de unos pantalones enormes y calcetas a rayas negras y blancas, su chaleco pequeño tenía plasmado en la espalda una media luna, sonreía con júbilo con los ojos celestes brillando de armonía confundidos por un par de lagrimas índigo maquilladas bajo sus orbes.

-¿No es esto maravilloso? ¡Miren todas estas personas! ¡Seguro que nunca antes habían visto función como tal! ¡Mira gorrión de zafiro!-

Con ambas manos levantó una jaula cuyo contenido era un ave muerta que había quedado petrificada sobre la barra de metal.

-¡esa ave está muerta no se que haces conservándola seguro está enmohecida por dentro!-

Reprendió Volker con el rostro retraído de asco.

-Gorrión de zafiro contiene mis esperanzas, es un ave eterna-

Respondió con una sonrisa amplia.

-Galenskap… por extraño que parezca, comienzas asustarme-

Comentó con ironía el joven lobo.

-Hay una historia que rodea este pueblo, una historia terriblemente hermosa-

Sus orbes celestes brillaron cual diamantes como sumidos en una visión profunda, sonrió para si, le dedicó una mirada metódica a Prudence y salió de esa sección del edificio guardando aquellas historias en su profundo y enigmático interior.

-¿Ha que ha venido esa mirada?-

Cuestionó la joven de orejas gatunas con un semblante confundido.

Volker se encogió de hombros y luego se dirigió a poner orden a los niños que tiraban los libros de los estantes, esa sección del lugar parecía una biblioteca gigante.

En otra parte del edificio, un joven de larga cabellera blanca, ojos de ámbar y vestimenta negra con tonos dorados leía un listado en una hoja al tiempo que caminaba distraído por el pasillo, releía las palabras con un semblante metódico dejando entrever un par de perlados colmillos.

-Lancelot-

Resonó una voz masculina en un tono imperante. El joven de cabellera blanca giró su rostro volviendo a la realidad para encontrarse con quien lo había llamado, otro joven de sombríos ojos violeta y cabello del mismo tono que vestía ropas victorianas.

-Brioghan, ¿Qué sucede?-

Lancelot metió en uno de sus bolsillos el papel que antes leía.

-Han venido un sinfín de habitantes, y me han comentado de las ruinas que hay en los alrededores del pueblo, hay unas en especial, de las cuales dicen no querer acercarse, al parecer allí se respira un aire muerto, me ha cautivado el comentario puede que hayan escritos en idioma celta para traducir y pensé que te interesaría venir para tu recolección de cosas viejas-

Finalizó el comentario con una sonrisa satírica.

-¿viejas? Son tan solo cosas que se han dejado olvidadas y que puedo reparar, disculpa si no soy un mago famoso y arrogante-

Devolvió Lancelot con sarcasmo, refiriéndose a Brioghan.

-¿Entonces vienes?-

Lancelot asintió con un ademan.

Se encaminaron hacia la sección de la biblioteca, que aún seguía llena de gente, encontrándose con Prudence, Volker y Galenskap.

-Galenskap, necesitamos que nos lleves hasta una de las ruinas de los alrededores, tengo por entendido que conoces bien el lugar-

Exclamó autoritario Brioghan.

-¡¡¡Claro que lo conozco!!! , ¿Serán acaso las ruinas de Adagio?-

Exclamó Galenskap dando un salto y con un brillo de entusiasmo en los ojos. Brioghan abrió un tanto sorprendido los ojos pero conservó su semblante inamovible.

-Acertaste, ahora, podrías conducir el carruaje hasta allá-

Brioghan se dio la vuelta casi obligando a Lancelot y a Galenskap a seguirlo.

Una vez en el carruaje partieron hacia el misterioso destino, iban dibujándose paisajes naranja en la ventana que mostraban una belleza como ninguna, Lancelot contemplaba admirado al tiempo que Brioghan a su costado leía un pequeño libro.

Sin embargo en el cruce que daba comienzo a la ciudad de Adagio, se detectó de forma súbita algo aterradoramente extraño, Brioghan cerró su libro y se giró para observar hacia la ventanilla con una expresión distinta en su rostro.

Toda la ciudad parecía haber sido consumida por el fuego y el aroma estaba podrido. Lancelot parecía preocupado y aterrado y Galenskap sobre el carruaje sonreía formando parte de una memoria.

El carruaje se condujo hasta las ruinas de lo que parecía haber sido una enorme mansión.

-Llegamos-

Dijo Galenskap con una expresión melancólica.

Brioghan y Lancelot descendieron del carruaje, sintiendo el aire pesado sobre sus cuerpos.

-Galenskap… ¿Qué sucedió aquí?...-

Cuestionó el joven de cabellera blanca aproximándose a Galenskap, quien parecía no querer descender del vehículo.

-muchas cosas sucedieron aquí, debo irme, regresaré por ustedes a la puesta del sol-

Sonrió y se giró veloz lejos del lugar.

-Ese pequeño sabe más de lo que debería-

Acertó el de cabellos violetas dejando atrás a Lancelot para entrar en la vieja mansión.

Dentro todo se veía olvidado y marchito, habían algunos muebles cimbrados sobre el suelo empolvado y ya crecían rosas negras entre las grietas del azulejo de mármol, los dos visitantes recorrieron despacio los rincones de la mansión sintiendo descargas de escalofríos sobre la piel mientras mas se adentraban en las habitaciones y pasillos.

-parece que no encontraré algo de mi interés, aunque me estoy cuestionando que debió pasar aquí, esto se ve igual a una horrible casa de muñecas-

Pronunció Brioghan tomando un pequeño gato blanco de peluche del suelo. –“Morgan”- esbozó tirando del listón que tenia el muñeco en el cuello.

-¿Morgan?-

Preguntó Lancelot con curiosidad mientras veía por los ventanales hacía el patio trasero de la mansión, en donde se avistaban una mesita blanca adornada de forma elegante con una sombrilla, aun se encontraba una taza sobre el regazo de la mesa como si alguien hubiese bebido el té hacia unos minutos.

-quizá una pequeña niña vivía aquí-

Dijo Brioghan tirando el peluche sobre el suelo.-te espero afuera, parece que aún tienes curiosidad por recorrer esto-

No dejó responder a Lancelot solo se volvió de regreso a la salida, pero estaba en lo cierto, Lancelot estaba fascinado pero al mismo tiempo sentía temor, ¿Cuál era la historia de ese lugar?, pensaba en preguntar a Galenskap cuando volviera.

Divisó entonces unas escaleras alfombradas sin pensarlo ascendió hasta los pisos superiores y algo entre todo llamó de manera particular su atención, una habitación que tenia grabado el nombre “Morgan” sobre la puerta.

Presionó el mango de la puerta y entró.

Se respiraba una esencia dulce y amarga en toda la recamara, todas las cosas estaban deterioradas, todas a excepción de una, estaba sentada sobre un taburete junto a la ventana, Lancelot retrocedió un poco pero luego se aproximó lentamente, se quitó los guantes negros y la palpó con sus dedos, contempló los detalles del vestido que tenía puesto y acarició su rostro con delicadeza, ¡estaba impecable!, una muñeca en perfectas condiciones, o eso pensó hasta notar el agujero que tenia en el pecho, algo le faltaba a esa muñeca.

-Te repararé-

Le dijo como si ella pudiese escucharlo, y la cargó hacia la salida.

Con entusiasmo corrió hasta Brioghan, quien abrió los ojos desconcertado.- ¡Brioghan! ¡Mira lo que he encontrado!-

-¿Qué demonios es eso?-

Exclamó reprendiéndolo.

-¿pues lo que vine a buscar no?-

Dijo el de ojos ámbar abrazando lo que llevaba en sus brazos.

-una muñeca, ¿de que te sirve eso?-

Le dedicó una mirada desaprobatoria y se alejaron de la mansión para esperar a Galenskap en la entrada de la ciudad.

Alguien mas se acercaba con paso elegante a la mansión, llevaba una sonrisa en su rostro de marfil y le brillaban los ojos de azabache, el cabello negro le caía en el rostro, las rosas parecían envolverse a el mientras caminaba dentro de aquel destruido lugar, llevaba en sus manos un vestido negro confeccionado a la perfección, entró a aquella habitación pero quien lo esperaba siempre ya no estaba, suspiró y sonrió.

-Me pregunto, que tanto me divertiré con esto-

Expresó con dulzura acariciando el vestido y luego se desvaneció entre las paredes.

A la puesta del sol se vislumbró el carruaje, pero aparte de Galenskap, Prudence y Volker iban dentro también, Brioghan los miró molesto y abrió azotando la puerta del carruaje

-Hey Briogh…-

Comenzó a decir Volker cuando este lo saco aventándolo fuera del carruaje.

-displicentes, ¿no se supone que tengan que estar trabajando?-

Prudence se encogió hasta un costado del carruaje mirando a Volker con culpa.

-¡Aún están los demás allí! No somos los únicos, la biblioteca está cerrada por hoy, hey este lugar huele extraño-

Expuso el lobo sacudiéndose la ropa y olfateando para luego girar su rostro sorprendido ante lo que Lancelot llevaba en los brazos cubierto con su capa - ¡oh! ¡¿Y eso?! ¿La vas a reparar?-

-claro que lo haré-

Respondió Lancelot sonriendo.

-Esta ciudad me parece conocida…-

Dijo Prudence observando detenidamente.

-¡Nos vamos ya!-

Irrumpió Galenskap,

Todos partieron de regreso en el carruaje, en el camino Prudence examinaba a la muñeca de Lancelot, frunciendo el seño como si tratara de recordar algo, desistió sonriendo y deseando suerte a Lancelot para repararla.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Cuento Número Uno. “Baissez le rideau!, La farce est jouée!” (¡Bajad el telón!, ¡la farsa ha terminado!)

-¿La historia acerca de esa mansión? ¡Claro que la conozco! ¡He de contártela si eso deseas! Pero deberías saber que en ocasiones…lo mejor es no preguntar.-

¡Era aquella una enorme y hermosa mansión!, Cuya imagen esplendorosa embelesaba a quien por enfrente pasara, tenía paredes de mármol que parecían admirar al cielo, en sus costados, jardines soberbios con preciosas y arrogantes rosas negras, e invitando a perderte en su aristocracia se erguían dos colosales puertas de ébano refulgente.

El interior, diseñado de forma minuciosa y delicada escondía habitaciones pequeñas, una tras otra, con el suelo cubierto de alfombra y accesorios exquisitos tal cual una aterradora casa de muñecas. Y en aquel lugar tan imperante, una pequeña señorita vivía junto a su mayordomo fiel.

Ella, ingenua, noble y caprichosa, con ojos color maple y cabello como de negro anochecer, llevaba siempre ceñidos a su piel de canela los vestidos mas preciosos confeccionados jamás, por Leitmotiv, su mayordomo ferviente.

El, atento siempre y de facciones casi perfectas y atractivas, poseía en su rostro de diamante una sonrisa tan bella como falsa, y cuyo corazón petrificado rendía total devoción a Morgan, la pequeña dama.

No había día, en el que la mansión no fuese visitada por los curiosos, gozaban de admirar la divinidad de cada una de las habitaciones y por supuesto, de la compañía de la señorita Morgan, a quien entre murmullos llamaban, la muñeca de la mansión.

¡Pero Morgan tan ingenua y pura! Tan solo reía y se sonrojaba al escuchar, sin percatarse que tras ella, su mayordomo escondía la visión mas retorcida de su ser, ¿pero quien iba a saberlo? Todo era, una perfecta y horrorosa función, en la cual solo uno escribía el libreto.

¡Claro que hay alguien más en el inicio de esta historia! No devores las ansias que he de proseguir, Prudence fue su nombre, una doncella de aspecto serio pero de rostro tan dulce, Morgan depositaba en ella toda su confianza y cariño, tanto que “hermana” solía llamarle, la visitaba a diario en la mansión llevando consigo detalles que encantaban a la pequeña Morgan, pero esto… no hacia mas que generar odio ante los ojos celosos de Leitmotiv.

Tanta llegó a ser la demencia y la obsesión, que el mayordomo cerró las puertas de par en par.

“¡No habrán más ojos que puedan volver a ver a mi amada Morgan! ¡Oh nunca más!”

Y la mansión entonces, fue obstruida, por el egoísmo de aquel.

“¡¿pero que habrá sido?! ¿Será acaso una mentira?”

Decían con ansiedad y angustia los paseantes del lugar.

Y Leitmotiv con su agraciada sonrisa, respondía “Ha caído enferma, y delicado de tratar será” y tras de si las puertas volvía a cerrar.

Sin embargo, a Prudence tan incondicional, la entrada también se le había negado.

-“¡Algo escondido hay lo sé! ¡Y de descubrirlo habré!”- Exclamaba Prudence.

Leitmotiv desde los ventanales y tras las cortinas observaba, de forma fija y mordaz, mientras la pequeña Morgan ya hacia sobre la cama jugando con las borlas negras de sus sabanas blancas.

Día a día el frío en la mansión se propagaba, y aquel de la mascara sonreía con deleite para si, era justo lo que deseaba y lo había obtenido.

-“Ya no vienen a visitarme más, ¿que ha pasado? Se aburrieron quizá…ni Prudence ha acudido ya”-

Esbozaba Morgan con tristeza al tiempo que su mayordomo le cosía con finura y precisión listones al vestido que ella llevaba puesto.

-“Que ha de importar señorita, si se han aburrido o no, aquel que sea meritorio entonces sabrá observarla y la señorita Prudence quizá de viaje esté”-

Contestaba con una sonrisa sin dejar de mover los dedos para colocar de manera pulcra los listones negros sobre el impecable vestido blanco.

-“y aún así Leitmotiv, continuas vehemente confeccionando para mi estos delicados ropajes”- decía girándose para tomar entre sus manos los dedos del mayordomo –“Incluso te has lastimado cosiendo”-

Ella le dedicó una mirada tan efusiva abrazando las manos de aquel en su pecho, esa acción bastó para enloquecer al joven sirviente que con los ojos dilatados de deseo consumió a Morgan.

-“Morgan, mi bella muñeca de porcelana”-

Pronunció poniéndose de pie y sujetando a la doncella por los brazos, quien abrió los ojos pasmada.

-“¿mu…muñeca? Leitmotiv suéltame…”-

Pero el tan solo sonrió ampliamente, ella temblando aterrada logró soltarse en un intento vano por escapar pero sin esfuerzo fue contenida por los brazos de su fiel mayordomo.

Sintió su cuerpo ser amarrado dejándola por completo inmóvil, ¿Qué era aquello?, Leitmotiv se aproximó por la espalda de ella respirando su aroma silvestre y sujetándola con fuerza contra el, le recorrió de manera voraz la tela

del vestido apretando sus dedos de manera que Morgan podía percibirlo sobre la piel, el sirviente movió sus manos frente a los ojos pávidos de la pequeña haciéndola distinguir los hilos que la sostenían, eran tan delgados y límpidos como los de un marionetista, se había dejado caer el telón ante la primer función.

-“eres mía”-

Profirió con una sonrisa y besando el cabello de Morgan, de pronto… todo se volvió gélido.

en las afueras de la mansión, Prudence golpeteaba las enormes puertas de ébano para poder entrar. Gritaba por Morgan y comenzaba a sentir en su respiración el sahumerio muerto de las rosas, un instante de espesa amargura y entonces un grito desgarrado de dolor cortó los oídos de Prudence, consiguió apartar las puertas de par en par y sujetándose el vestido corrió escaleras arriba.

Un cuerpo tendido sobre la alfombra mojada ya de sangre tibia, un hermoso vestido blanco teñido de carmesí, un rostro inocente corrompido, y una sonrisa de placer y satisfacción junto a un par de manos que sujetaban un corazón profanado.

.”Bienvenida…Prudence”- dijo el con una expresión dulce –“que mal educada al no esperar ser recibida”-

La doncella que era ahora el público expectante de la función siguiente temblaba de cólera.

-“Leitmotiv…”-

Susurró entre dientes y empuñando las manos.

-“¿eh?, pero si tu también estas invitada, tu, primordialmente… repugnante ser sin importancia…”-

La observó de forma detenida con los orbes azabaches que no reflejaban más que vacio y odio.

-“¡Eres un desgraciado! ¡Como te atreviste maldito…!”-

-“cállate”-

Ni un segundo después de esas palabras la garganta de la joven se cerró, Leitmotiv sujetó con una de sus manos uno de los brazos de Morgan al tiempo que la otra sostenía el cálido corazón, arrastró el cuerpo de la pequeña hasta Prudence quien reñía por emitir palabra alguna.

-“el corazón de Morgan me pertenece, está en mi ahora, ella y yo somos uno solo”-

Expresó mostrando ante sus ojos el órgano vital, no dejó de sonreír en ningún instante -“y ahora, deberás agradecer que he sentido lastima por ti”-

Una risa sínica se escapó de sus labios, hizo el cuerpo de Prudence quebrarse por dentro y arder enseguida, todos sus recuerdos se hicieron ceniza obscura haciéndola llorar de dolor, Leitmotiv continuó riendo y arrastrando el cuerpo abatido de Morgan hasta la puerta de la habitación, se detuvo un segundo y giró ligeramente su rostro hacia la doncella sufriente. –“saldrás de esta mansión, caminarás hasta perder tus pasos y lo que eres ahora será asesinado por el fuego que está incinerándote dentro, luego de eso se que estarás agradecida”-

Prudence deseó moverse con la poca fuerza que quedaba en su cuerpo lacerado, podía avistar incluso como las lágrimas le quemaban el rostro y escuchar el sonido de la alfombra húmeda contra la piel de Morgan, pidió misericordia, pero no la había en ese momento, el personaje de la doncella Prudence había muerto en esa función.

Leitmotiv siguió sujetando el brazo de Morgan y arrastrando su cuerpo a través de uno de los pasillos de la mansión hasta la habitación más recóndita, ese cuarto que solo el conocía, dejó de sostenerla y susurró un par de palabras que luego dejaron escapar un grito violento de la garganta de Morgan.

-“levántate mi preciosa dama”-

Ella le obedeció contra su voluntad, su cuerpo tan solo se movía como una marioneta, sus ojos de maple se habían apagado y estaban inyectados de un líquido azabache.

Había dado comienzo la siguiente función.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Cuento Número 2. "Diez mil esqueletos en el aire"

Luego de aquello tu creías era una pesadilla…

Luego de observar tu cuerpo lleno de espasmos violentos…

Tus antes hermosas pupilas de maple se encontraban ahora rasgadas por el azabache de la soberbia y el pesar.

Como un fantoche de porcelana se irguió tu silueta doliente, tus pasos inseguros y temblorosos te guiaron a través de aquellos sombríos pasillos ante esa habitación que solo yo conocía.

Una dama de hierro cimbrada frente a tu rostro oxidado de odio y tantas herramientas de obsidiana cuyas historias no debías escuchar.

Oh pero sonreíste…

¡Sonreíste con sadismo y devoción!

Y aproximándote con ansiedad tomaste entre tus manos inocentes el arma repleta de púas expectantes que brillaban con el dejo de luz lastimera colada por un orificio en la pared de concreto. Demasiado pesada tal vez para la poca fuerza palpitante de tu ser, la llevaste arrastrando de vuelta, y como millones de agujas reventado el suelo, rechinaban las púas destrozando la alfombra victoriana.

Tu respiración desfalleciente, tus lágrimas intoxicando tus mejillas… y con terror un sonido gutural escapándose de tus labios de rubí.

Tu voluntad incluso era banal ante mi fuerza, te susurraba esa canción de cuna al tiempo que tus pasos se dirigían de forma muy lenta hacia la salida.

Lo que mejor expresado…

Seria el comienzo de todo…

-“de…deten…te…”-

Lograste emitir con un semblante de suplica, pero ambos sabemos mi muñeca, que no conozco la misericordia.

Me reí, y seguí cantando.

Te escuche llorar y lo disfrutaba, estabas bailando para mi, ¡solo para mi!

Y podía percibir, el aroma exquisito de tu sangre tibia escurriéndose de tu pecho agitado.

El dolor que te destrozaba cada articulación…

La obscuridad que hacia crujir tus ojos abiertos de par en par.

-Todo aquello que conociste fue una mentira, todos aquellos te mintieron, pero yo mi muñeca… solo yo soy real, escúchame y obedece con gratitud-

Y la orquesta concluyó a melodía con un grito despiadado escapándose de tu garganta.

Se apagó todo en ti, te consumí a mi antojo.

Todos, todos y cada uno de los ojos curiosos que te habían observado con obsesión pagarían por ello, todo aquel que se atrevió a tocarte, incluso a respirar en tu presencia.

-¡Baila mi muñeca al compas de la luna falsa! ¿Lo escuchas? Ese sonido desgarrador, esas voces que te piden piedad, arráncales las entrañas una por una…-

¡Que hermosa cumplía mis expectativas! Levantaba los brazos hacia el manto nocturno y con un movimiento rápido golpeaba los cuerpos contra las púas y el suelo, y podía escucharse el melodioso ritmo de la sangre chapoteando,

El crujir de los huesos que explotaban, los gritos…el dolor ¡Todo era un escenario perfecto!

Más sin embargo, llorabas… tus ojos negros de violencia desprendían lagrimas al ver como destrozabas los cráneos partiéndolos por la mitad, al ver las convulsiones despiadadas que venían después.

Pero no te detenías, era un cuerpo tras otro… esas púas ya llenas de sangre y carne fresca no se saciaban.

Esta era, mi presentación culminante.

Los testigos se encontraban ahora tendidos por toda la tierra ya húmeda de crueldad. Teniendo pesadillas sobre una laguna roja y adamantina bajo nuestros pies.

Si, yo aun podía escucharlos sollozando con piedad, y lo mejor de todo… el sabor de la especia del viento con olor a oxido de los inocentes que no valían siquiera una mirada de compasión.

Te abracé por la espalda.

-“despierta mi pequeña”-

Esboce a tu oído, y el hermoso color maple volvió súbito a tus orbes, y temblaste… -“ellos lo merecían”-

Te dije, y te ahogaste al percibir que de esa función bajo el telón de acero tu fuiste el exitoso personaje estelar.

Y yo, yo estaba a tu lado aplaudiéndote, aún cuando ya hacías muerta de dolor sobre la alfombra de sangre.

Luego del majestuoso espectáculo, te guié de regreso a la mansión, limpié la sangre que contaminaba tu ser y te dejé tendida sobre tu cama, esa famosa casa de muñecas, sabía que se deterioraría con el tiempo, oh pero tu no mi amor, tu permanecerías hermosa, sin vida, por qué eras un simple fantoche ahora, pero vendría a diario a verte… para cambiar tus vestidos.